sábado , 31 octubre 2020

OPINIÓN: NO PIENSO CELEBRAR UN DESCENSO, ÓSCAR ARIAS

Sabado 13 de Mayo de 2006. El Cádiz se encuentra en esos momentos en Segunda División. El ascenso en Chapín se esfuma tras una temporada en la que faltó chispa en el ataque, más calidad en el centro del campo y una defensa con más empaque. Las incorporaciones del mercado de pretemporada, presagiaban que lo íbamos a pasar mal. Limia en portería, con Mario Silva en el lateral izquierdo y Marc Bertran en el derecho. Berizzo con 36 años como central, Benjamín Zarandona en su salsa, Lolo Estoyanoff para la banda derecha, Iván Ania para la izquierda y ´Cacique´ Medina para el ataque.

Con esta fotografía, más el once de Chapín y compañía, comenzaba el Cádiz su andadura por Primera División, después de doce largos años. Temporadas de amargura, tedio, decepciones y de una profunda depresión que parecían haber quedado atrás en lo más hondo de los traumas cadistas. El once de Chapín se estrena en casa ante el Real Madrid perdiendo, pero la temporada no empieza mal del todo. Un sistema bien predefinido por el ´profe´ Espárrago, incomodaba a los rivales que no eran capaces de hincarle seriamente el diente a un equipo amarillo, que con sus carencias, tenía claro el plan establecido.

Pero a partir del segundo cuarto de temporada ya se le empiezan a ver las costuras a un equipo que varía poco del que había ascendido aquel glorioso 18 de Junio de 2005. La portería y la defensa sigue siendo la misma, con apariciones puntuales del ´Toto´ Berizzo: Armando, Varela, De Quintana, Paz y Raúl López. En el centro del campo la cosa tampoco varía mucho. Fleurquin y Bezares siguen siendo los pilares, a falta de algo mejor, ambos jugadores conocen a la perfección lo que les pide Espárrago y Benjamín había llegado para tocar timbales en fiestas playeras hasta altas horas de la madrugada. Las bandas tampoco varían. Enrique y Sesma cumplen, con buenas actuaciones ambos. En la mediapunta, Pavoni trabaja demasiado lejos de los centrocampistas y entre Oli y Medina se baten el cobre arriba. Ninguno de los fichajes se hacen con un puesto en el titular de manera indiscutible y Espárrago comienza a hastiarse sin armas para hacerle frente a unos rivales que comienzan a conocer el abecedario voluntarioso, pero primitivo del Cádiz.

La ventana de mercado de enero llega con la apuesta del mayor genio que ha tenido el Cádiz hasta la fecha, Lucas Lobos y con un luchador, aunque corto para la categoría, Luciano Vella. Un trotamundos de la Primera y la Segunda División como Fernando Morán, viene a completar una plantilla que tiene lo que tiene y que empieza a apostarlo todo a las genialidades de Lucas Lobos. El equipo se desfonda. La afición se conjura ante lo que parece inevitable y el equipo se resiste a caer, aunque ya se sitúa en puestos de descenso. La derrota en el descuento en San Mamés cae como un jarro de agua fría. Los arbitrajes no ayudan, como en el clamoroso robo ante el Villarreal en el Madrigal y se llega a la jornada 37 para jugar contra el Getafe. La afición moviliza a tres mil cadistas. Pero ni aún así. Las lágrimas recorren de nuevo las caras del aficionado amarillo y el viaje de vuelta es un funeral.

Volvemos al principio. Al 13 de Mayo de 2006. Con el equipo ya descendido se produce un hecho insólito. La locura colectiva. En un partido jugado entre dos equipos andaluces que han bajado a Segunda, el Cádiz baila a un Málaga descendido seis jornadas atrás. El equipo, sin presión, no para de meter goles. “Alcohol, alcohol, alcohol, alcohol, hemos venido a emborracharnos y el resultado nos da igual”. El cadismo al 95% está celebrando algo. No se sabe el qué, pero el estadio es una fiesta. El 5-0 que no vale para nada, parece que salva una temporada en la que se estuvo a punto, pero que por la racanería de sus gestores, dimos con los huesos en Segunda División. Antonio Muñoz se frota las manos. En el orgasmo de final de partido anuncia que el Cádiz va a volver pronto a Primera…

Óscar Arias-Vizcaíno. Han pasado la friolera de catorce años desde ese partido. 42 jugadores en plantilla, de los que ahora mismo sólo hay siete que puedan responder de manera decente en Primera. Pagando una cesión por el mismo precio que vino Limia, portero ´bluf´ de esa aciaga temporada. Con un danés del que nada se sabe y un Negredo que ha reconocido no competir al máximo nivel desde hace cuatro años. Con la única salida de Sergio Sánchez y su correspondiente dispendio.

El cadismo ha tardado catorce años en volver al sitio al que cree que pertenece. Una afición mucho más madura que entonces. Más exigente y que venderá muy cara su derrota. Ante los rivales y ante los que no hagan bien las cosas en el club. Porque le digo una cosa, Óscar Arias. Yo no pienso celebrar un descenso…

 

One comment

  1. bueno ya son 43 en plantilla.

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