lunes , 30 noviembre 2020

ANTONIO MUÑOZ VERA: DE SALVADOR A VILLANO DEL CADISMO

 

La vitola de Mesías con la que desembarcó en el Cádiz era casi obligada. El grupo ADA, sociedad controlada por el clan Gil, desestructuró el club a costa de recuperar lo invertido en proyectos deportivos fallidos para volver a Segunda. Para los más jóvenes os ponemos en situación. Finales de los noventa y principios del dos mil. El club se hunde de manera irreversible, en manos de mercaderes sin escrúpulos. Rafael Mateo a la cabeza, llegó a ser incluso agredido en Tribuna. El cadismo ve como su club se hunde, y la sombra de la desaparición planea sobre Cádiz. Deportivamente, el equipo naufraga por Segunda B y todo el mundo se teme lo peor.

Pero hay una luz al final del túnel. Un grupo de “gaditanos”, comandados por Antonio Muñoz Vera, natural de Doña Mencía (Córdoba), negocia con el grupo ADA, la compra de las acciones. Pero la operación se eterniza sin haber entendimiento. El club está en quiebra y en la temporada 2000-2001, la plantilla con Orúe a la cabeza, se encierran en el vestuario después de meses sin cobrar. En la jornada cuatro, contra el Guadix, los aficionados despiden al equipo, que había ganado por 3 a 1, como si del último partido se tratase.

El grupo de Antonio Muñoz, mueve ficha y encuentra el respaldo institucional en la entonces alcaldesa, Teófila Martínez.

Se abre un número de cuenta, para que los gaditanos ingresen lo que pudiesen. El cadismo se vuelca y se consigue una elevada cantidad. Ahí es cuando, ADA rebaja sus pretensiones y se produce el desembarco de Antonio Muñoz y compañía. Ese mismo año, casi se asciende con el famoso gol del Zamora, durante la liguilla, que nunca se produjo.

La siguiente temporada, salió mal la planificación y en la 2002-2003, se le entrega el equipo a un jovencísimo José González. Alberto Benito, que hasta la pasada temporada estaba como jugador, coge las riendas de la secretaría técnica del equipo. Estos dos nombre son claves en los próximos éxitos del Cádiz. Pero de momento, la receta para ascender es la de cantera y jugadores con hambre, como el recien fichado Pavoni.

Y ahí se sale del pozo. Con un presidente y un consejo de administración exultantes. La figura de Pepe Mata se engrandece a la par que la del presidente. El director general, “saca dinero de debajo de las piedras”. Son días de vinos y rosas para el cadismo que se prepara para una ilusionante campaña en Segunda con José González a la cabeza. Alberto Benito saca de la chistera a unos desconocidos Jonathan Sesma y Manolo Pérez. Junto a gente con experiencia como Oli y De Quintana, se comienza un primer tramo de temporada con el equipo arriba. El equipo se va desfondando poco a poco en la segunda mitad de campeonato, pero se acaba en una ilusionante séptima plaza.

La figura de Muñoz sigue saliendo reforzada. Nadie le tose. En la prensa local lo llaman el Rey Midas del Cádiz y ven en su gestión un modelo de honradez, valentía y mesianismo. Cada vez acapara más poder en el consejo de administración. Le avala la gestión deportiva y una aparente inmaculada gestión económica. La deuda con Hacienda y proveedores está casi pagada. El cadismo es feliz. Él es feliz.

A la temporada siguiente, se anuncia que José González se marcha a entrenar en Primera. Al Albacete, cosa que no es muy comprendida por el cadismo. Pero Antonio Muñoz tiene un as en la manga. Un experimentado entrenador, que ya estuvo en el Cádiz. Consiguió la mejor clasificación histórica del equipo en Primera y era Víctor Espárrago. Hay voces de que lleva tiempo sin entrenar y ya es mayor. Pero Antonio no duda. Unos cuantos refuerzos, como Bezares o Fleurquin, complementan la base de la temporada anterior.

La temporada ya la mayoría sabe como acaba. El ascenso en Chapín es el momento culmen de la gestión del cordobés. Días de vinos y rosas. Tiene todo el apoyo institucional, con ayuntamiento y diputación, en disputa constante por ver quién ayuda más al Cádiz.

Pero la pretemporada muestra signos, que por aquel entonces, pasaron desapercibidos. Muñoz no arriesga. Su mentalidad provinciana le dice que como se gana dinero es gastando uno y ganando dos. Las fuertes inversiones no garantizan nada y un jugador, que años después se consolidó en Primera durante una década, Uche, se termina quedando en el Recre por muy poco dinero. Se trae al Cacique Medina, Iván Ania, o Estoyanoff. Incógnitas. Benito hace lo que puede con un presupuesto limitadísimo. El once de Chapín se viste de gala para jugar contra Real Madrid.

Siendo sinceros, la temporada no fue mala. En diciembre se firma a Lobos y el equipo da un salto de calidad significativo con él en el once. Pero una mala recta final de campeonato, da con el equipo en segunda de nuevo. Hay signos de desgaste en la presidencia de hierro de Muñoz. Alguna voz crítica aparece en algún medio, pero son acalladas por la gente. El “Mesías” que nos sacó del pozo sabe lo que hace. La deuda casi ni existe y se mantiene la base de Primera, incluyendo a Lobos.

Se le da el mando a Oli de la nave. Resulta un fiasco. De nuevo José González sale a escena. El objetivo es subir y el equipo se va enmendando. Pero Jose González se ha vuelto defensivo. Ya no es el entrenador fresco y joven de hace tres años. Le da cordura, pero le falta frescura. Tres equipos se despegan del resto y se pierde toda opción. Terminamos quintos, pero a quince puntos del tercero.

 

En las arcaicas redes sociales de entonces, ya hay una feroz oposición al presidente. Se le acusa de tacaño, usurero y planea una cierta oposición en el estadio. Se le llama “almacenero”. Muñoz pierde la frescura de cuando aterrizó. Ya no hay bromas con la prensa, se vuelve huraño. Y sobre todo, no tolera una crítica. Al menor asomo de crítica por parte de un periodista, Muñoz lo toma como algo personal y monta en cólera. Con visitas incluidas a redacciones de conocidos periódicos de la ciudad, para canalizar la información que se edita sobre el Cádiz. El cadismo se ha empezado a manifestar en el estadio. Una pancarta con el lema “Afición de Primera para directiva de tercera”, es arrancada de cuajo por la seguridad del Estadio. Hay gritos de “fuera, fuera”, y el propio cordobés se enfrenta a la gente desde el palco. Ha salido a la luz, de que el cordobés tiene derecho a porcentajes por jugadores del Cádiz. El cadismo monta en cólera y lo tachan de pesetero.

Un grupo inversor de Madrid está interesado en las acciones. Con Baldasano a la cabeza, negocia con Muñoz la compra de las acciones. Le muestra un club saneado, con potencial para ascender a Primera y con una estructura de equipo de élite. Baldasano da el si y Muñoz respira.

Pero algo va mal en la pretemporada. Baldasano advierte de irregularidades en la gestión del club. Baldasano da una multitudinaria rueda de prensa en el hotel Playa Victoria y dice que el Cádiz tiene una deuda de unos diez millones de euros. Es decir, la burra que le vendió Muñoz no está sana. Está muy enferma. Y el madrileño, con una inversión millonaria en la plantilla, dice adiós en octubre. No firma el contrato que le dan los poderes notariales y se va por donde vino. A Madrid.

A Muñoz el club le quema. Intenta aparentar la máxima tranquilidad, pero se le nota incómodo. Vende a Lobos en diciembre. Los ingresos por la venta nunca se saben donde fueron a parar. Se hablaba de 2,5 de euros en Cádiz. En México de cinco millones de dólares. Cuatro al cambio. Ni rastro del dinero. En enero, el Cádiz no empieza mal en la tabla. Entre el quinto y el sexto puesto, pero una mala racha, descuelga al equipo de luchar por el ascenso. El equipo, aparentemente, no corre peligro. Pero no se gana y se suceden los entrenadores.

Un Raul Procopio, impotente, es cesado para poner a Julián Rubio. Faltan tres partidos y hay que conseguir cuatro puntos. Pero el equipo llega a Alicante con dos empates. Hay que ganar y el partido va empate. Se nos escapa todo. Pero hay un rayo a la esperanza. Penalty a favor del Cádiz. Pero todo el mundo sabe lo que pasó.

Se vuelve al pozo y la gente no traga con nada. Muñoz en su huida hacia adelante, acusa de todos los males a Baldasano y a sus millonarios fichajes que dejaron maltrechas las arcas. Con todo, se ponen buenos mimbres para volver a ascender a Segunda. Y con Peguero al mando se consigue.

Pero de nuevo, Muñoz cae en errores pretéritos. El presupuesto para la plantilla es limitadísimo y se prescinde del artífice del ascenso: Xavi Gracia. Se juega la carta de Espárrago, pero en esta no sale. Los famosos 50 de salvación se consigue, pero los rivales, han sido mejor y consiguen la permanencia en una de las temporadas más caras de Segunda. El maldito pozo de nuevo.

Se pone a un hombre de paja durante la temporada. Muñoz, cansado, no se quiere exponer. Un pobre Enrique Huguet, hace lo que puede y lo poco que le dejan. La eliminatoria contra el Mirandés, es una broma macabra. La flor de Muñoz, hace mucho tiempo que se fue.

En Segunda B y con un Cádiz ahogado por las deudas y en concurso de acreedores, Muñoz hace un último servicio. Ha encontrado al accionista perfecto. Una sociedad llamada Sinergy, con sede en Bristol aterriza en Cádiz con aires de grandeza. Con una cara visible, mezcla de galán de telenovela y gladiator. Es Gaucci, de infausto recuerdo para el cadismo.

Ésta es la historia del que pudo ser el mejor presidente de la historia del Cádiz y no lo fue. Nadie quiere su recuerdo. Incluso, hay gente a la que su nombre le provoca mucho dolor. El dolor de un Cádiz que pudo ser muy grande y que se quedó en polvo y cenizas. Pero las cenizas de un Fénix. Que ahora intenta de nuevo, volar alto…

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