CADISTA, CON CUARENTA TACOS Y DOS COJONES

Por Jorge González

Llegaste de Polonia con 36 primaveras y con el recelo de una afición que no se vio muy ilusionada por tu fichaje. El Cádiz siempre tuvo buena vista para los porteros. Bocoya, Santamaria, Bermell, Jaro, Szendrei, Férez, Armando y Aulestia es el recorrido desde hace cuarenta años en la portería cadista. Grandes porteros que en muchos casos no vieron recompensado su buen hacer en forma de éxitos con el equipo amarillo.

Con 36 primaveras la única presión que tenías era la que tú mismo quisieras ponerte, Alberto, pero la sombra de esos porteros eran muy alargadas.

Poco a poco y a fuego lento, la gente comenzó a vislumbrar que no se había firmado a un portero cualquiera. Alto, ágil y con reflejos, fuiste demostrando que la edad es simplemente un estado mental.

Serás recordado por ser el arquero del ascenso. Ese 26 de Junio que tienes grabado como tu gran éxito personal. Esa temporada en la que viste a una afición herida, pero no muerta. Y en esos malos momentos te diste cuenta de que no estabas en un club cualquiera. Porque ya sabes, Cifu, que aquí no hay seguidores, ni aficionados. Aquí hay amantes, portero. Aquí hay enamorados de una historia contada por abuelos, padres,, madres y abuelas que se negaron siempre a que su club fuera uno más del montón. Se negaron a pulular sin pena ni gloria por cualquier campo de fútbol nacional. Y esos ascendientes nos contaron batallas épicas. Duelos fraticidas y nos dieron a beber un veneno amarillo y azul que nos hace bombear más deprisa el corazón cuando vemos el escudo. O cuando nos acercamos al templo. Ni que decirte, lo que sentimos cuando vemos partidos como el del pasado domingo. Ahí nos ponemos las pinturas de guerra en la grada. Y sabes que no aceptamos la rendición ni hacemos prisioneros.

Y con cuarenta años te vas a ver defendiendo el escudo del que ya estás enamorado. Con una grada que te venera y que te hace feliz.

Pero tienes un pálpito. Una idea que te recorre la cabeza. Sabes que hay posibilidades y no quieres dejarla escapar. Por eso pones esa pasión en los goles. Como cuando el ‘capi’ marcó el segundo al Oviedo y te volviste majareta. Celebrando el gol como si de un hincha se tratase. Corriendo y apretando los puños con el grito de un juvenil. Con la ilusión de un canterano. Y si se consigue, podremos decirlo. Aquel portero que vino de Polonia, contaremos a nuestros nietos. Aquel que consiguió cumplir su sueño. Siendo cadista, con cuarenta tacos y dos cojones.

¡FELIZ RENOVACIÓN, PORTERO!

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