CARTA A CERVERA, A LOS JUGADORES Y A LA AFICIÓN CADISTA

Por Jorge González

No es fácil ser cadista, señores. Nunca lo fue. Desde tiempos en los que ya no hay nadie vivo para contarlo. Y me gustaría decirle al míster y a los jugadores lo que siente un creyente de esta causa. Porque levantarse el día de del partido, con la imagen de Carranza grabada en la cabeza, de esa manera recurrente y casi obsesiva se hace difícil. Imaginando la galopada de alguno de vosotros enfilando la portería. Con miles de aficionados en pie en silencio. Como previo paso a un estallido en el que se nos va la vida y la rabia por la boca. Contando los minutos y los segundos para que el árbitro pite el comienzo de la batalla. Porque lo del domingo es para nosotros una batalla de la que no sólo somos meros espectadores. Deseando llegar a los aledaños y encontrar a tu familiar o amigo dándote palabras de aliento y confianza para lo que viene.

No es un día más. Es un día marcado en rojo en el calendario y cada uno se pertrecha con sus pinturas y su uniforme. Eligiendo cuidadosamente esa bufanda o camiseta de la suerte que tenemos reservada para las grandes ocasiones. Para los días de gloria. Apurar la cerveza tres cuartos de hora antes, para acudir a esa cita en la que estaréis arropados desde el calentamiento. Enseñar tu abono o entrada al seguridad de turno en tu grada. Subir esos escalones venerados del templo y escuchar ese murmullo incesante de una olla a la que has asistido cientos de veces. Quizás, miles.

Y sientes esa sensación tantas veces repetida como si fuera la primera vez. Ese paso de las entrañas de Carranza al vomitorio al que se abre al templo. Seguido de tus fieles compañeros. Dándonos ánimo e insunflándonos fuerzas para lo que queda por venir. Y cuando traspasas esa línea, te sientes casi a los pies del mundo.

El cadista sabe reconocer cuando tu equipo lo ha dado todo, y eso es lo que esperamos. Y cuando os flaqueen las fuerzas, mirad a la grada. Con la cabeza fría y el corazón caliente. Y ahí estaremos. Entregando el aliento que os haga sacar fuerzas de flaqueza.

Míster. Jugadores. Salid a por ellos. Sin ambages. Sin piedad. Utilizando nuestras mejores armas con cabeza. Salid a ganar. A aplastar como sólo vosotros sabéis hacerlo. Y no os preocupéis si al terminar el partido, todo ha salido mal, pero no os habéis dejado nada en el campo.

Cuando entréis en el vestuario, y os dirijais a vuestra equipacion, mirad ese escudo a la izquierda de la camiseta. Ahí estamos nosotros. Ahí están nuestros padres y abuelos. Ahí hay una historia de amor en cada uno de nosotros. Y pensad que en vuestras manos y pies está el respetar esa historia. En defender tantas vidas entregadas a dos colores.

Salid ahí y aplastadlos. No les deis opción. No les deis esperanzas. Convertid esta visita en un sufrimiento continuo en el campo. Y ganad.

Nunca estaréis tan cerca del cielo como lo consigáis…

¡SÓLO Y SIEMPRE, CÁDIZ C.F!

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