CARTA ABIERTA A ÁLVARO GARCÍA

Nunca se está a la altura del todo, Álvaro. Primero, darnos el suspenso a esta casa, Noticias Cadistas, por hacer un juicio sobre tu persona, sin tener la suficiente información para ello. Nada nos pesa más, e intentamos aprender de los muchos errores que cometemos. Y que seguiremos cometiendo.

Pero queremos remontarnos en el tiempo. Al 12 de Junio de 2016…

El Bar estaba repleto, y un servidor tenia mala espina para ese partido. El calor hacía mella en el local, pero como siempre, se aguantaba estoicamente. El partido, como todos los de Play Off, era a ‘cara de perro’. La tensión en el campo, en las gradas, en los bares y hogares de Cádiz y Santander se mascaba. Piernas inquietas, sudores, dedos casi sin uñas. La renta era escasa y el Racing, quería morir matando. Coulibaly hacía sufrir a Servando, pero llegamos con ventaja al descanso. Tregua a los nervios. Mismos sudores.

Comenzó la segunda parte, con un Racing volcado. Minuto 60 y el Cádiz lo pasa muy mal. Mantecón presiona una salida de balón en el centro del campo y de repente un rayo aparece en escena. Sin tiempo a pestañear, apareciste de la nada en el círculo central para robar la pelota. Regateas a un contrario, pero el balón ha cogido demasiada salida. Pero cuando el defensa del Racing parece que va a llegar, con la puntera le haces un autopase. El silencio del bar da miedo. El aire se hace denso. 25 metros para llegar a portería solo, pero un defensor sale en tu búsqueda. La gente del bar ya de pié empieza a gritar. Otros se llevan las manos a la cabeza. Llegas al área y le sacas medio metro al defensor, mientras el portero sale para tapar ángulos. Cádiz y su provincia está paralizada en esos momentos. Y cuando parece que llega el defensa y la vas a cruzar al palo largo. Con tranquilidad. Como sólo definen los elegidos, la mandas al palo del portero… Cádiz y su provincia explota. Mi bar, revienta. Es el momento más feliz en seis años. Seis años de desierto y miserias. Seis años en el olvido. Seis años para cambiar nuestro destino.

Y ahí estabas tú. Con el respeto de haber lucido esa camiseta sin celebrarlo y dándole al cadismo el mayor regalo en más de un lustro.

No se te puede pedir más, utrerano. Por Dios y todos los santos del cielo que el cadismo lo sabe.

No hay mayor orgullo para, éste que escribe, que sigas luciendo la amarilla con Hércules en el escudo.

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