CÓMO NO TE VOY A QUERER

Por Jorge González

Dices que te sientes un privilegiado. Que sientes el aprecio de la gente y eso te llena de orgullo. Que te aportamos mucho en tu día a día y que eso se ve recompensado en el trabajo. Pero me voy a remontar al 18 de Abril de 2016. Ese día ya estabas en Cádiz firmando el contrato para ser el nuevo entrenador amarillo. Con un equipo herido de muerte. De ridículo en ridículo, viviendo de una renta lograda en la primera vuelta. Mordiendo el polvo contra el Betis B, Linares, Sevilla Atlético y Almería B. Sustituyendo a un desquiciado Claudio y sin el entusiasmo de la prensa y la afición. Mirado de reojo y preguntándonos por los mentideros cadistas, quién era y  qué había hecho ese personaje con aire de sacristán para entrenar al Cádiz.

Y llegó esa primera rueda de prensa de las que hay que hacer un libro para enmarcar frases, extraídas de las mismísimas entrañas del fútbol. “He dado con la clave. Ha sido el mejor partido de los tres que llevo en el Cádiz”. Ahí ya nos estabas enseñando el camino. El país de las maravillas que se escondía justo detrás de Alicante. Alicante. Esa ciudad convertida en un vaso comunicante para el Cádiz. La puerta que comunica el cielo y el infierno en el que caímos en junio de 2008. El famoso penalty de Abraham Paz.

La temporada pasada, ya demostraste lo que nos venía encima. Porque no querías formar un equipo. Querías formar un ejército. Guerreros que derramaran sangre a su paso. Que aplastaran a los rivales con estocadas mortales. Con puñales por las bandas. Explotando las virtudes y minimizando los defectos de tus guerreros. Llegar al play off fue una hazaña de dimensiones, en las que hoy día todavía no somos conscientes. “Algún día se recordará que un equipo de Segunda B, con retoques, luchó por subir a Primera”. Y vaya si lo recordamos míster.

Y esta tarde. Un mes antes de los 50 puntos conseguidos ante el Girona la temporada pasada, nos encontramos en Soria. Contigo convertido en el alma de una ciudad, una provincia y un cadismo que ama a su club. Con una Liga 123 que nos teme. Que teme a ese equipo inexpugnable, rocoso y con contragolpes que son martillos. Un equipo mirando por fin la imagen proyectada en ese espejo. Donde ven a una grada que nunca negoció la pelea. Una grada que por más que nos hirieron, nunca se rindió. Una grada que perseveró hasta que tú llegaste. Una grada que quería ver en el campo su reflejo. Y le mostraste a los jugadores lo que esta grada les pedía. No negociar la pelea. No hacer prisioneros. No desfallecer nunca.

Míster. Sigue mostrando el camino…

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