EL CACHORRO QUE SE CONVIRTIÓ EN LEÓN EN CARRANZA

 

Los amigos de Bilbao ya lo decían. “Es un pata negra”, aseguraban. “En el Cádiz se va a salir”, decían otros. Y lo veías tan menudo, joven y bisoño que incluso los más optimistas, dudaban.

Y dudaban también porque vino en la recta final de recuperación de una grave lesión en la rodilla. Pero en Bilbao, donde la cantera y sus jóvenes es pura supervivencia, lo seguían viendo como un diamante en bruto.

Y llegó el once de febrero. Un partido a cara de perro en el Coliseum Alfonso Pérez. 2-1 a favor del Getafe. Falta a favor del Cádiz al borde del área. El lanzamiento es para un diestro, pero Ager está delante del balón sin titubear. La salida del balón es perfecta y la rosca un desafío a la física. La pelota coge portería y el guardameta no puede hacer nada. Tarjeta de presentación, a los cinco minutos de entrar en el campo. Con dos cojones. Desde ese momento ya no nos parece ni tan joven, ni tan menudo, ni tan bisoño.

Ager tiene un cañón en la pierna izquierda y el aficionado amarillo vibra con él. Se convierte en amo y señor a balón parado. Cada corner, cada falta es peligro para el contrario. Y cañonazo a cañonazo, nos fue conquistando el corazón. Y sabemos que el tuyo también quedó prendado de una afición que nunca se rinde. Que adoptó al niño que venía del norte como si fuera propio.

Y sobre todo, sabemos que tienes un momento grabado a fuego. Minuto 63. Cádiz-Tenerife y no hay forma de abrir la lata. Estamos pasándoles por encima a los insulares, con gol legal anulado incluido, pero no hay forma. Carpio te pasa un balón en corto a 35 metros de la portería tinerfeña. Controlas rápido dando un toque hacia delante. Tienes un pálpito. Cargas la pierna de una forma endiablada y… ¡Booooooooooooommmmmm! El portero ni la ve. Carranza explota. Es tu momento. El mejor de tu corta carrera. En el estadio donde la gente te aclamó. En el estadio, donde el cachorro llevó dos leones en el escudo. En el mismo estadio donde el cachorro se convirtió en león.

Cuenta lo que viste, Ager. Cuenta en tu tierra,  lo que sentiste a mil kilómetros de tu casa.

Se te echa de menos, LEÓN…

 

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