EL DÍA EN EL QUE RECUPERAMOS LA DIGNIDAD

Por Jorge González

26 de Junio de 2016. Un espléndido día soleado nos despertaba a los que pudimos conciliar un poco el sueño el día anterior. Proclamas, fidelidad y penitentes a lo que finalmente pasara. La bahía se desperazaba con una idea recurrente en la cabeza.

Pasaban días de castigo y de sufrimiento, rememorando humillaciones como la del Arroyo y su ignomiosa “manita”. Recordé ese agónico triunfo en el Palmar contra el Sanluqueño, que nos evitaba una vergüenza mayor. Pero también recordaba con orgullo, cómo mis compañeros y vecinos se rehacían tras cada caída. Apelando a los viejos laureles y a una gloriosa historia ya escrita.

Avanzaba el día y tres mil valientes poblaban las calles de Alicante, ante la sorpresa de los levantinos. El mediodía de la ciudad alicantina deslumbraba con cientos y miles de camisetas Amarillas. Videos subidos en redes sociales, erizaban la piel del más imperturbable cadista.

Y piensas en los castigos de Miranda, Hospitalet, Madrid, Lugo, Oviedo y Bilbao. Aprietas los dientes para seguir y los minutos se hacen siglos hasta el comienzo del partido. El cadismo empieza a inundar los bares, peñas y casas donde estar unidos en la batalla que determinaría esa “guerra”. La exigua renta, inquieta a los más recios y hace temblar a los más aprensivos.

Y en el minuto 19, en un saque de banda del Hércules, Güiza tiene un pálpito. El lateral saca de banda hacia Álex Muñoz, el central del equipo alicantino. Dani lo huele, oliendo lo que puede pasar, como solo lo hacen los jugadores con ese instinto. Comienza una presión endiablada hacia el central, que a la hora de controlar le tiemblan las piernas. Se empequeñece a la vez que la figura del jerezano se hace enorme. El central, ya nota la respiración y al ‘gitano’ levantar el césped en un sprint en diagonal hacia la portería. Pero está vendido. Güiza ya pisa área y la tragedia se masca en los aficionados alicantinos. Dani la cruza y el portero no puede hacer nada. Los aficionados amarillos enloquecen arriba de la empinada grada y el arquero les apunta directo al corazón.

Quedan atrás seis años de amargura, daño y sufrimiento. Queda atrás una inefable división ajena a nuestra historia. Atrás quedan cadistas que cayeron viendo a su equipo deambular.

Ese 26 de Junio de hace dos años, el cadismo lanzó un grito de rabia en toda la bahía. En toda su provincia, en el lugar más inhóspito donde estuviera un cadista.

Ese día, le dijimos al fútbol estatal que habíamos vuelto. Y que de una vez por todas, era para quedarnos.

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