EL DÍA QUE ESE AMOR FUE CORRESPONDIDO

Este es el sueño de un niño. Un chaval que jugaba al fútbol en el “campo el cabrero” junto a otros chavales y que pidió a su padre que hiciera un equipo donde dar rienda suelta a su pasión.

Ese padre era Salvador Rodríguez, que en busca de ayuda en el ‘desafío’ que le lanzó su hijo, también llamado Salvador, dio con José Padilla y Julio Lara, gaditanos y gente inquieta con una pasión que les ardía en las entrañas. Esa pasión era el Cádiz C.F. Ambos, le pidieron a Salvador, vestir con los colores que visten en la actualidad. Los colores del escudo de las columnas. Los colores de dos leones y de Hércules que llevaban tan dentro.

Gracias a la ‘Peña Per Sempre Cádiz’, por ese espíritu y esa búsqueda de la raíz. Del origen. La base sobre la que se cimientan nuestros sueños y la fuente que nos ha dado de beber durante generaciones.

Gracias a David, por su lucha y su labor con sus niños. Entrenador del Infantil D masculino de la Fontsanta y amante de la ciudad amurallada. Por el amor que pone en todo lo que hace y por ser el enlace para que todo esto haya sido posible.

Gracias al ‘presi’, Joaquín Morales por acoger a nuestra peña como si estuviesen en casa. Señorío, educación y saber estar de gente que se levanta para trabajar cada mañana y saca tiempo de donde no lo tiene por 600 chavales que tiene a su cargo. Para educarlos en los valores del deporte, el respeto y el trabajo.

Gracias al Cádiz y a la Federación de Peñas Cadistas, por el interés que mostraron desde el primer momento en el que se les contó esta historia de amor.

Y sobre todo, gracias al origen y a la raíz de que ese club tenga 41 años. Gracias a Salvador padre, Salvador hijo, Juan Francisco, hijo de Salvador, José y Julio.

Ayy, Julio. Sé que en tu cabeza, cuando Vizcaíno te daba esa camiseta que tanto amas con tu nombre, te remontabas al Campo del Cabrero, cuando cumplisteis el sueño de un niño, y trabajásteis muy duro para adquirir esos terrenos y dar valores y un futuro a todos esos chavales que os rodeaban. Con la mente en esas murallas de piedra ostionera y la imagen de Salvador y José creando junto a ti, el comienzo de esta historia de amor, que al fin, te reconocen.

Esas lágrimas son nuestras. Esas lágrimas brotan desde un lugar a más de mil kilómetros de Cornellá. Manda un beso al cielo y sigue defendiendo a tus dos equipos como siempre lo has hecho. Dos equipos que estarán unidos por siempre, gracias a ti. Vestidos de amarillo y azul.

Larga vida a ti  Julio, al Cádiz y a la Fontsanta Fatjó.

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