EL MINISTERIO DEL TIEMPO PUEDE IRSE A SU CASA

Por Jorge González

Ante todo, felicitar al Cádiz y a sus originales portadas como previos de los partidos. Desde hace algún tiempo estamos viendo buenos trabajos de diseño gráfico, que anima a la gente mediante pequeñas historias en clave de mensajes.

Todo esto viene a colación por el mensaje del próximo partido contra el Betis. “… Si no funciona, el ministerio del tiempo se encargará de borrar el pasado.” Voy a permitirme la osadía de replicar el mensaje del cartel. Porque para servidor no puede estar más lejos de la realidad.

No quiero cambiar ni un ápice del pasado de este bendito club. Porque sería borrar nuestro propio pasado. Sería borrar nuestra sangre. Reescribir nuestro ADN para que fuera otra cosa. Y no quiero un Cádiz que no sea tal y como es. Con los dieciséis años en el pozo. Eso es nuestra sangre. Viendo desfilar a Caravaca, Díter Zafra, El Palo, La Roda, Pozoblanco, Utrera, Coria o Manchego. Esa es nuestra sangre. La sangre de los que hasta aquí llegamos. Es la sangre de tres mil personas viendo un Cádiz-Motril. La sangre de los que se quedaron por el camino viendo a su equipo en Segunda B. Es la sangre de una torre olímpica azul en preferencia. Es Mágico, Amarillo, Escobar, Manolito, los Mejías, Juan José, Baena, Mané, Carmelo y tantos y tantos gaditanos que dieron su sangre por escribir nuestra historia. Es la sangre de un aficionado llamado Pascual que pereció creyendo que su equipo seguía en Primera. Es la sangre de tantos y tantos carnets guardados en una caja como un tesoro auténtico. Con nuestra foto año tras año. Con números picados y otros intactos. Es la sangre de una abuela paciente tejiendo una bufanda con los colores amarillo y azul en una lluviosa tarde de invierno Es la sangre de una provincia recorriendo kilómetros y recortando horas de sueño un lunes de trabajo. Es la sangre de unos canteranos que se negaron a que su club muriera. La sangre de Velázquez, Julio Puig, Sambruno, Victor Vía, Iván Guerrero, Abraham Paz o Sergio Iglesias.

No necesitamos ministerios del tiempo. Necesitamos escribir páginas de gloria desde el presente.

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