EL REGALO DE UN CADISTA A 109 AÑOS DE HISTORIA

Foto: Cope Cádiz

Cuando en ese viernes de final del Falla asistíamos a su retransmisión y algunos privilegiados gaditanos abarrotaban el coliseo hecho teatro, nadie esperaba que los mismos cimientos de esos ladrillos ´coloraos´ iban a temblar para no ser el mismo nunca. Esa temporada el Cádiz enfilaba su quinta temporada en los infiernos. 88 años de historia sumidos en una profunda depresión para el cadismo, Pero ese día nuestro héroe cambió nuestra historia para siempre. Alrededor de las diez de la noche, vestido de Pepperoni, dio la orden con su voz rasgada para cantar el segundo pasodoble. Ese pito con aires italianos, se convierte en preludio de una explosión…

El Carnaval de Cádiz siempre había ´maltratado´ al Cádiz. Muchas coplas sonaron antes en ese teatro. Todas con ese aire burlesco en forma de cuplés. Un cadista llega a la final de ese 1.998 para cambiar la historia. El Carnaval ya nunca más se iba a reír del club situado entonces en Cánovas del Castillo. En las frías noches otoñales e invernales previas a esa final, nuestro héroe masculla y cantiñea una copla que no puede sacar de su cabeza. En cualquier rincón del barrio de la Viña, esa letra con esa bamboleante música, se le propaga como una fiebre amarilla. En un ´lavaero´ suena ese pito con esos acordes. Con mimo y con celo, nuestro héroe guarda esa copla en forma de regalo. La envuelve, la acaricia y le pone un lazo lacrado para que nadie la escuche hasta su momento justo. En las húmedas y frías noches caleteras, adornan ese regalo, hasta que llega esa final.

La música te balancea como cualquier ola caletera. Una cuna viñera que comienza a mecernos y que nos advierte que hay un color maldito. Pero ese color es sagrado e incorruptible. Y nos demuestra que aún decepcionándonos, toca luchar. Toca apretar los dientes. Y como guerreros nos pintamos la cara y nuestro corazón bombea sangre amarilla. El regalo está abierto. Los disparos de esos ´mafiosos´ están disparando con versos de oro a todo el cadismo. Nos llama benditos a los que de manera penitente llenan nuestro templo. Nos advierte como reza nuestro himno, que no nos va a importar que nunca vayamos a ser campeones. Esas balas de oro en forma de versos, concluye con el respeto que nos hemos ganado, y que por todo eso, vivamos siempre, vivamos todos los cadistas y que vivan nuestros cojones.

Por eso siempre estarás ahí, Manolo. Porque ya nunca entenderemos el Cádiz sin ese regalo que nos hiciste hace 21 años. En el Falla se obró el milagro. En el coliseo, un gaditano le cantó al Cádiz y ya para siempre será inmortal. Hasta el fin de los días.

Siempre en nuestros corazones amarillos….

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