Una semana que ya venía cargada, como las bateas de los coros, no podía acabar bien, pero cuando estas cosas pasan, se aplica o al menos se dice eso de “a pensar en el siguiente partido”.  Ayer varios jugadores tiraron de la frase pero a la vista de lo ocurrido en el vestuario tras el encuentro, algo me dice que no va a ser tan fácil ese borrón y cuenta nueva. Pronto se ha desvanecido esa interpretación de cara a la galería de miel y rosas tras la aparición fulgurante de Machís, las cuatro victorias seguidas y una sobrevaloración desmedida de lo gestionado en el plazo de fichajes en invierno.

La semana comenzó con la novedad de un presidente, que ya ha entrado en la actitud de todos los de ese perfil, de ver conspiraciones y traidores por todas partes – ya saben el refrán del ladrón y su condición – advirtiendo a los jugadores en el vestuario, tras el partido contra el Albacete, sobre la prohibición absoluta de hablar con Jorge Cordero. Lo que se dice creando ambiente positivo.

Volvemos a los tiempos de vestuario revuelto y algunos jugadores que empiezan a no estar lo que se dice “a gusto”. Algo que no se pudo ver en televisión pero que relatan los que si lo vieron allí, las indicaciones desde el banquillo de Cervera, fueron respondidas por Aketche con un claro gesto de “vete a esparragar”, con ademán de mano alzada incluido. Tanto o más grave es el posible descontento de Alex Fernández, un pastizal para chupar banquillo, que con la boca pequeña empieza a demandar otro tipo de alternativas en el juego con un mayor y efectivo control de balón.

En fin que tras los prolegómenos y la impotencia de irse para el vestuario con el cero absoluto, una vez allí y con Vizcaíno presente se armó la de Dios es Cristo. No solo la bronca de entrenador a jugadores como marca la más ortodoxa liturgia. Se oyeron reproches del tipo “Y Manolo hablando de ascenso”. Esto es algo que no gusta al entrenador porque se corre el riesgo de provocar relajación, de que algunos se crean lo que no son y las consecuencias que traen son contrarias a las de esa humildad en el esfuerzo que buscan todos los entrenadores.

El presidente, sin encomendarse a nadie, y menos al sentido común, no se plantea que cada vez que él se cuelga una medalla puede estar haciendo un daño enorme. El caso es que cada vez que se mete en lo que no debe, vienen los problemas y los malos resultados. Ya ocurrió a principios de temporada. Ya no le llega con ser presidente, ni el psicólogo como ya pretendió hace unos meses, ahora ya casi ejerce como padre, y Cervera está literalmente harto de estas cosas como de que se venda que inexorablemente vamos a subir como campeones. Cuanto daño está haciendo la retórica “delnidista” que Vizcaíno lleva en sangre.

Se haya dicho lo que se haya declarado, lo cierto es que Cervera está quemado con los refuerzos que le han traído en Enero, que también ha asumido que no cuenta con director deportivo, que es de postín, no pinta nada y el que hace las veces es el presidente. Que de momento ayer Vizcaíno tuvo que tragar y sin agua con todo lo que allí se dijo, pero ya sabemos que su memoria es frágil y la cabra tira al monte, no sabemos si de ésta servirá para que se esté quietecito. Que el ambiente como consecuencia de todo ello es prácticamente el mismo que tras el partido en Almendralejo. Así que Dios nos coja confesados.