miércoles , 2 diciembre 2020
Por Jorge González

ESTE SEÑOR GANABA PARTIDOS COMO EL DEL HUESCA

Por Jorge González

Os voy a contar una historia a los más jóvenes. A los que cogieron muy pequeños los años comprendidos entre finales de los noventa y mediados del dos mil. El eterno tres a la espalda levantaba el césped por donde pasaba. Una locomotora que aplastaba a rivales, que levantaba la admiración de toda una grada y que ganaba partidos cuando ya estaban perdidos. Y lo hacía con la filosofía que llevamos un par de temporadas aplicando: “La pelea no se negocia”. Y vaya si no la negociaba el jerezano.

Se que el tres se muere de envidia por la actual plantilla del Cádiz. Por esos jugadores que se van a batir el cobre en este partido con tintes épicos del próximo lunes. Ahí es donde el eterno capitán se movía como pez en el agua. En esos partidos es donde el tres, nuestro tres, aplastaba y minaba la moral del contrario en el que veían a un jugador infatigable, guerrero y que contagiaba esa fuerza irrefrenable con la que el Cádiz llegó a jugar en Primera División. Comandando a sus compañeros. Arengando desde su lateral con voz de trueno.

Don Raúl López González haría de este envite un infierno para el contrario. Ese jugador que contagiaba al cadismo y que inflamaba esos empinados escalones del templo. Este jugador convertía Carranza en un infierno de aire irrespirable para el rival. Este era nuestro tres. Nuestro lateral izquierdo. Nuestro Capitán.

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