HACE MUCHO QUE EL ROMANTICISMO DESAPARECIÓ DEL FÚTBOL

Con la  reciente noticia del traspaso del canterano de Chiclana de la Frontera, Manu Vallejo, al Valencia CF, parte de la afición no ha podido digerir aún el anuncio oficial y sus ojos siguen sin dan crédito a lo ocurrido.

En este caso, la parte emocional y sentimental, impiden ver el bosque y los lamentos y las decepciones han salido a flote. Siempre es un orgullo y una satisfacción ver a un chaval de la casa y de la provincia progresar y triunfar con el primer equipo, pero en este modelo de fútbol de hoy día, este romanticismo solo queda al alcance de muy pocos.

Un club modesto debe sobrevivir en este océano lleno de tiburones y la única manera, es intentando sacar la mayor tajada posible de los efectivos que dispone, en este caso, sus futbolistas.  Siendo esta, la única forma para ir creciendo y afianzando un modelo económico sostenible.

Cabe mencionar, que parte de ese dinero generado, debe de reinvertirse en nuevos valores que puedan volver a producir el mismo efecto. Sin que ello garantice un éxito asegurado, puesto que se venden realidades y se compran proyectos.

Crecer o no crecer en lo deportivo, el galimatías de siempre, mientras se anhelan canteranos con el corazón, se exigen figuras consagradas con la cabeza. El eterno debate siempre salta a la palestra y nunca deja a nadie indeferente porque aunque el dinero no de la felicidad, ayuda a gestionar un club de fútbol.

 

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