LA HERENCIA DE NUESTROS MAYORES

Por Jorge González

 

Otro julio más. Otra renovación de la fe. Hace unos días, un amigo volvió a fidelizar un vínculo. A renovar la ilusión y la esperanza de una temporada mejor. Y no quiere seguir el camino sólo, por ello ha vuelto a embarcar a sus retoños para que sigan el camino de baldosas Amarillas. Ese camino que lleva cada año al templo donde lloraron nuestros abuelos, abuelas, padres y madres. El templo donde cualquier sueño podía hacerse realidad por muy humilde que fuéramos.

Nuestro amigo vuelve a embarcar a sus niños en esta bendita locura igual que lo hicieran con él hace treinta y ocho años. Y quiere revertir lágrimas de decepción en lágrimas de alegría. Quiere ver a la que vertía lágrimas, gritar de alegría, al igual que tantas veces lo hicieran sus padres.

Hoy sus retoños, guardan con orgullo de nuevo, la llave de la ilusión. Esa tarjeta que siempre por Junio, abre las puertas del mismísimo cielo.

Nuestro amigo sólo puede dejarles dos cosas por herencia. Trabajo y un escudo. El escudo que defenderán y transmitirán a sus hijos. El escudo por el que, al igual que ellos, su padre tantas veces lloró.

También te podría gustar...

Dejanos tu comentario...

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies