LA MAGIA DEL DORSAL DIEZ, ONCE U OCHO

Por Fran Orleans

Si algo caracteriza a Carranza, es la predilección y la admiración por ese jugador diferente. Ese jugador de toque exquisito que levanta los “olés” en la grada y que rompe la hegemonía de lo terrenal. Una afición que siempre ha bendecido y ha sabido dar su lugar a  peloteros de ese corte. Con capacidad de desequilibrio, de finta, de regates dibujados y de visión de juego infinita.

Desde Chile a El Salvador, pasando por Argentina. La historia del Cádiz ha sido testigo de fantásticos jugadores que han ocupado esa demarcación, dotando al equipo de esa sensación de virtuosismo en cada jugada que intervenían. Primera, segunda o segunda b, acogieron y presenciaron a esa figura de enganche, el nexo de unión del juego ofensivo, capaz de ser determinante y dinamitar un encuentro.

Las faltas de Carvallo impregnan hoy día la memoria de los aficionados más sabios de edad. Aún resuena el nombre de Jorge Alberto González Barillas. Sus hazañas son relatadas de generación en generación, asegurando que jamás caigan en el olvido, porque mientras  perduren los  recuerdos, la leyenda seguirá latiendo. La época de Zärate que en solo dos años encandiló con su fútbol en una categoría que se le quedó pequeña. La quinta de Chapín con un magistral Pavoni que emergió como el equipo desde el más profundo pozo a la galaxia más excéntrica. Galaxia donde un tal Lucas Lobos llegó como un soplo de aire fresco, para hacer las delicias del respetable con gambeteos, bicicletas y fintas “quiebracinturas”. hasta el punto de dar un vuelco a la situación del equipo y casi conseguir la permanencia.

Pero de un tiempo a esta parte, dicha posición estuvo huérfana durante  años de transición y búsqueda de un ocupante digno, Caballero, Carlos  Álvarez, Jose Manuel Cases, Machado o Kike Márquez entre otros, lo intentaron en mayor o menor medida. con más o menos suerte pero nunca pudieron llenar el vació dejado.

Solo la irrupción de Aketxe la temporada pasada, hizo presagiar un halo de esperanza para el  biorritmo del aficionado, que veía su pulso acelerado a cada lanzamiento de libre directo. Pero su tiempo se acabó y el encargado de  sustituirle fue el manchego Alberto Perea. Con el 8 a la espalda, con sensaciones dispares durante la temporada por culpa de las continuas lesiones que le han impedido rendir al 100%, pero que en el último encuentro liguero se marcó todo un señor partidazo, se supo ganar al plebiscito amarillo con un recital de habilidades y destreza con el esférico, augurando los mejores presagios de aquí a final de temporada.

¿Será el de Albacete nuestro mediapunta de filigrana que tanto echábamos de menos?

Solo el tiempo y las buenas actuaciones podrán ser testigos de si finalmente, la magia vuelve a Carranza.

 

 

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