LA VIRTUD DE CASTIGAR. LA VIRTUD DE PERDONAR

Ha sido el hombre de los últimos días. Cervera lo sentó en el banquillo en Oviedo y momentos después en rueda de prensa, advirtió claramente que se debía a un acto de indisciplina. Dando la vuelta al refrán, el míster dijo el pecador, pero no el pecado.

Cervera es un hombre de fútbol. Frio, disciplinado y calculador en su trabajo. Pero cercano, cariñoso y poco rencoroso en el apartado personal. Considera a Barral como uno de los hombres más importantes de la plantilla y quiso cortar de raíz, cualquier situación que no hubiera comprendido el de San Fernando.

Pero como hombre inteligente de fútbol, sabe que David es un tesoro para el ataque del Cádiz.. Hubo mucha simbología ayer en el partido. Vimos a Barral, con el brazalete de capitán, por delante de hombres con más recorrido en el Cádiz, como Abdullah y Nico Hidalgo. Toda una declaración de intenciones del míster y de la plantilla. Considerando a Barral como un jugador importante y de la más alta jerarquía. Dejando enseñar a la afición, que sin él, el ataque del Cádiz es menos.

Ayer hubo perdón y redención. Ayer se cerró un capítulo espinoso, de la mejor manera posible. Barral enseñó y entregó su brazalete a la afición en señal de devoción y sumisión. Ya sabe, lo verdaderamente importante que es. Y en todo esto sólo hay un guía. El capitán que nos manda. Don Álvaro Cervera.

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