LAS VENAS ABIERTAS DEL CADISMO

Por Jorge González

Ya es sábado y hoy juega el Cádiz. No hay otra cosa que me lo quite de la cabeza hasta que acabe el día. En el grupo, Paco el de Barcelona dijo que no iba a poder venir al partido. Tiene a su hija pequeña mala y este partido se lo pierde.

Somos una pequeña gran familia. Los gaditanos tienen sus días. A veces se les ve con la mirada perdida, tocando piedras del baluarte y paseando por Columela un sábado por la mañana. Pero vuelven a Cerdanyola y a nuestro bar en un viaje astral a través del tiempo y el espacio.

Los hijos de gaditanos lo llevamos como podemos. Recorremos los patios de las casas de vecinos por los que corrieron nuestros padres y madres de niños. Hemos recreado infinidad de veces esos baños caleteros y esos días eternos del verano gaditano.

Pero volvemos a nuestra vida, con nuestros logros, nuestras penas y nuestras alegrías. Con nuestras familias en torno a este punto en común. Es la hora y vamos para ver el partido. Hoy el Cádiz juega en el templo y tiene que ganar.

En la peña sólo hay una patria que es Cádiz, un padre que es Hércules y Dios, que se hizo carne y verbo en El Salvador. Fuera quedan el artículo 155, el independetismo, el españolismo y otros aspectos que nos desvian la atención de lo verdaderamente importante. Nuestra patria es el 1910 y por ella morimos.

En el previo hablamos de lo que hemos hecho durante la semana. Durante el partido, cantamos, gritamos,… Se nos va el alma por la boca. El éxtasis llega cuando el Cádiz marca… Somos una gran familia.

Aún recuerdo, uno de los viajes que hicimos juntos a Cádiz. Ese olor característico al llegar al puente Carranza. Esa luz y esa isla en medio del mar. Fuimos a un partido cualquiera pero volvimos afónicos. Nuestro partido del siglo. Si sintieran lo que sentimos, se les iría la vida por la boca a muchos de los que vemos aburridos en el estadio. Presos de la rutina y de no sentir esta tierra lejos.

Al acabar el partido, nos despedimos ansiosos de que llegue el siguiente. Y sabemos que algún día llegará el gran desplazamiento. El que lleve al Cádiz a lo más alto.

Y cuando ya en la cama, pienso en lo vivido, me reafirmo. Esta pasión me llega desde las mismísimas entrañas. Soy de Barcelona, mi madre gaditana y no me arrepiento de este amor… “

Esto es ficción, pero podría ser un día de partido cualquiera en la Peña Cadista “Per Sempre Cádiz”. Podría ser Ramón, o quizás no…

Va por ellos. Y por todas las peñas cadistas lejos de la frontera gaditana.

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