POR FIN, UNA JORNADA DE FÚTBOL

Por Fran Orleans

Desde la implantación del fútbol negocio, de este fútbol moderno, ya las jornadas futboleras carecen de magia, de romanticismo y de emoción

Jugar en un horario aislado, un día inapropiado y sin ningún  resultado que acompañe y llene de gracia la víspera, se han convertido en el pan nuestro de cada día.

Han tenido que transcurrir cuarenta jornadas  para poder vivir una  tarde de la más pura esencia de este deporte. Una jornada de radio, de cábalas, de impresiones, de cuentas, de conspiraciones y en definitiva de la salsa del fútbol.

Todavía perdura en las gradas de Carranza, aquel famoso gol fantasma del Zamora ante el Nástic en la liguilla de ascenso a segunda división de la temporada 2000-2001 que espoleó y llevó en volandas al equipo para conseguir la victoria ante el Amurrio, y de haber sido verdad, hubiese significado el ascenso del conjunto amarillo.

Un contagio masivo y una locura colectiva al alcance de las grandes citas, de las tardes gloriosas, de las de radio, de  las de toda la vida del fútbol que conocimos.. Escuchar gol y  que la incertidumbre te embargue, nos transporta a tiempos de gradas de piedra, a viajes en el asiento trasero del coche de nuestros padres los domingos por la tarde, al transistor de los abuelos y al más nostálgico recuerdo de la grandeza de una afición verdadera.

Este domingo, volverá el romanticismo a Carranza, preparen sus auriculares y que comience la función, porque una auténtica jornada de fútbol nos aguarda.

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