jueves , 22 octubre 2020

QUÉ SABE NADIE, MÍSTER…

POR JORGE GONZÁLEZ

Ser entrenador del Cádiz ha sido siempre una pesada carga. Una loza que cargar en los maltrechos y expuestos hombros de técnicos que llegaron ilusionados y se marcharon cansados, hastiados y con la moral hecha trizas. Si nos remontamos a los años ochenta se nos pasa por la cabeza entrenadores como Héctor Veira, Senekovich, Manolo Cardo o Paquito. El banquillo del Cádiz siempre ha sido una trituradora en ese sentido.

Que sabe nadie, míster. cuando llegaste el 18 de Abril de 2016 con un equipo desmoronado. Con una segunda vuelta sonrojante y con la ardua tarea de recuperar lo más difícil pero más importante de una plantilla: la moral. Buscando un once de manera desesperada en los seis partidos que restaban para llegar al ´Play Off´ y con gran parte de la prensa tachándote de falta de personalidad, falta de carisma y pusilánime.

Qué sabe nadie, míster, de esas cinco semanas en las que convertiste un puñado de jugadores sin ilusión ni carácter en un ejército que te acompañarían al abismo si se lo hubieras pedido. Una hueste donde el equipo primaba sobre la individualidad y donde todo un capitán como Servando se batió el cobre en el lateral izquierdo.

Qué sabe nadie, míster, cuando tuviste que comenzar a apartar a jugadores que tenían la simpatía de los aficionados cadistas, con aquellos que no te entendieron y tachaban de “cabezonería” lo que era proteger al grupo dentro del vestuario. Los que algunos tildaron como el mejor lateral izquierdo de Segunda. Un Barral perdido por Oviedo tomando café o un Aitor García mirando más por su carrera que por el club que le pagaba fueron tus pecados.

Qué sabe nadie del momento en el que te dieron la noticia de que el presidente prescindía de un colaborador y compañero como Juan Carlos Cordero, con el que la sintonía y la sincronía alcanzada crearon un bloque donde destacaron jugadores que en otros lugares fueron fracasando. Con la espada de Damocles sobre tu cabeza en Almendralejo en el 2018 contra el Extremadura. Extremadura. Quién lo iba a decir….

Que sabe nadie de ese final de temporada amargo de la 18/19. Precisamente de nuevo contra el Extremadura, encajando un gol inverosímil y desgraciado. Con jugadores borrados. Con Machís en la copa América y con Manu Vallejo en la concentración del europeo. Con una delantera sonrojante más propia de Segunda B y con el presidente y el director deportivo conspirando en los pasillos de Carranza, queriéndote largar, sin respetar el año que te quedaba de contrato.

Qué sabe nadie de esa pretemporada en la que parecías un entrenador en funciones. Con Vizcaíno y Arias presionando para que te largaras. Confeccionando una plantilla de calidad pero descompensada. Sin la figura de un extremo izquierdo profundo y con entrenadores revoloteando todo ese verano por las oficinas de Plaza de Madrid.

Que sabe nadie, míster. De vergonzantes tertulias radiofónicas con mercachifles, entrenadores de barra de bar y periodistas que no han visto un balón en su vida, pidiendo tu cabeza. Diciendo que no te interesaba ascender porque tu juego no se adapta a Primera y que estabas cómodo en esa situación. Taladrando las hondas con “no jugamos a nada”, “no tenemos posesión” y “el Cádiz no va a por los partidos”. Con Fernando Estrella andando sobre la delgada línea de la ridiculez, el trastorno y el complejo ante los capaces, vomitando estiércol y rumiando un despido que felizmente nunca se consumó.

Qué sabe nadie de lo que es reunir a un equipo nuevo y grabarles a fuego una idea. La del trabajo, el sacrificio y la de una lucha que nunca se va a negociar. El máximo esfuerzo para la línea más corta hacia el éxito.

Qué sabe nadie de esos arbitrajes bochornosos que rozaron el esperpento. Con ese parón de tres meses y los rivales acechando como lobos. Un juego macabro después de una pandemia en el que cada movimiento era un tablero de ajedrez con alfiles, caballos y torres asediando a nuestro rey.

Qué sabe nadie, míster. Qué sabe nadie de 193 partidos que te convierten en el entrenador con más partidos en la historia del Cádiz. Por delante de colosos como el filósofo de los Balcanes, Milosevic. Por delante del sabio charrúa que tanta dignidad nos dio como Espárrago, con su mejor clasificación histórica en Primera y con un ascenso a la máxima categoría después de cruzar un yermo desierto. Por delante de la fuerza de la naturaleza de la camiseta rosa. El gallego que soñó con un equipo de canteranos y que hizo tanto con tan poco. Sentado hoy en el Olimpo Amarillo, feliz. Por delante del José González que avistó el oasis y nos dirigió en esa última parte de la travesía por el desierto en 2003. Con dos ascensos, uno a Segunda y otro a Primera y 193 partidos con el Cádiz a las espaldas, se ha convertido por éxitos y derecho propio en leyenda, no solo viva, sino ejerciendo su profesión con autoridad. Con puño de hierro y con guante de seda.

Que sabe nadie, míster de esa noche de vinos y rosas en el Rosal. En el que las lágrimas y la voz quebrada de un guineano abrían el programa referencia de la radio deportiva. Con el himno del Cádiz recorriendo España entera. Acordándote de todo lo sufrido y orgulloso de que los que sufrieron, lucharon y lloraron tanto por su equipo, vieran de nuevo al Cádiz en Primera.

Larga vida, míster. Lo mejor está por llegar….

 

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