QUIZÁS SOMOS COMO OTRO CUALQUIERA

Por Jorge González

De tanto repetir el mismo discurso, nos lo creímos. De tanto incidir en una época circunstancial del club, creamos un mito con los pies de barro. Morimos de éxito y de alcohol, mientras el equipo agonizaba para aguantar la categoría. Más preocupados en salir en las cámaras de la televisión de turno, que de dejarnos la vida por el escudo.

Y es que quizás la moda del cadismo ya pasó. Entiéndase por esa masa incondicional que arrastró el Cádiz a principios y mediados del nuevo milenio. Porque este que escribe ya va para mayor y vivió el Cádiz de su época dorada. Y éramos una afición fiel, y con una bolsa de socios por entonces de unos diez mil. Todo eso en Primera División. Otra cosa fue la caida a los infiernos…

Por supuesto, cuando caímos en desgracia,  pocos recordamos a entrenadores como Cacho Heredia, Jordi Gonzalvo, Ismael Diaz o Pepe Escalante. Lo digo, porque la media de abonados de por aquel entonces no pasaba de los cuatro mil. Cemento alrededor y un ambiente depresivo en partidos contra Dos Hermanas, Manchego o Don Benito.

En ese largo desierto, se dieron tres grandes milagros en los que se demostró que el cadismo no era una afición herida de muerte. El desplazamiento a Madrid. La liguilla de Carlos Orúe y por supuesto, la temporada del ascenso en 2003. Y ahí. Sólo ahí, puede decirse que el aficionado cadista alcanzó un cénit, NUNCA ANTES VISTO.

Si es cierto que hemos arrastrado siempre más gente que el resto. Si que nunca le dimos la espalda por completo al equipo. Pero vamos a comenzar a dejar de mirarnos el ombligo y a construir de verdad.

Es inadmisible la bipolaridad de esta afición. Se puede pasar del cielo al infierno sin tránsito alguno. Y la muestra es Oviedo y Soria. Un equipo hecho para no pasar apuros, pero que nadie se engañe. Y desde luego el club nunca engañó a nadie. Es un equipo hecho para la permanencia. Pero estamos mal criados. Es inadmisible unas críticas a una plantilla y a un entrenador que se han ganado el crédito desde la temporada pasada. Primero porque la pasada campaña vivimos un hecho digno de admirar con los ‘play off’. Y porque este año el equipo está a punto de conseguir la permanencia con 15 partidos por delante.

Quizás sólo fue el sueño de una noche de verano. Quizás sólo fue el grito desgarrador del que se niega a morir. Pero me temo que no. No somos los mejores como aficionados, ni nos acercamos.

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