REGRESO AL CAMPO DONDE EL CADISMO GRITÓ DE RABIA

Doce de Junio de 2016. El cadismo se desplaza mil kilómetros al norte. La renta es insuficiente y el partido se presenta muy duro. Munitis tiene preparado todo el arsenal y el Cádiz se planta en Santander viéndolas venir. La ciudad cántabra es tomada por cadistas de todo el territorio nacional y por primera vez en seis años se ve la luz al final del túnel.

Mucha literatura se escribió tras el partido. Un rocoso equipo cadista aguantó todas las embestidas del conjunto santanderino. Servando se las deseó en el lateral izquierdo con las llegadas de Coulibaly, pero en el minuto 52 de la segunda parte apareció un rayo. Y ahí vimos la luz en forma de un chaval nacido en Utrera. Ese rayo previo al trueno que destrozó gargantas en el Sardinero y que hicieron brotar lágrimas en Cádiz.

De la celebración y de la union entre equipo y afición, poco se puede comentar. Jugadores y aficionado gritando de rabia. Foto de familia para el recuerdo en esa esquina donde estaban situados los hinchas amarillos. La previa al asalto de los cielos contra el Hercules. Una guerra con dos batalllas ganadas. Dos batallas decididas por un puñal y una flecha. Puñal que clavó por la escuadra Carlos Calvo. Flecha con un arco tensado hacia el corazón del cadismo por un gitano.

Volvemos al campo por el que trepábamos con nuestras manos para salir de esa division inmisericorde. Bienvenidos al Sardinero. Bienvenidos a Santander. La ciudad que donde afición y equipo se hicieron la foto más bonita del mundo.

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