RUGIDOS EN LA LAGUNA

Por Jorge González

Aún resuenan los rugidos por el Barrio de la Laguna  Aún siguen sobresaltándose los pintores en la madrugada. El eco de un portero que hizo historia. Y la historia lo convirtió en mito.

A mitad de la temporada 99-00, llegó del Barakaldo. Hijo de la herencia de la escuela de porteros vascos. Con uno ochenta de estatura, suplido con un salto portentoso, unos reflejos incomparables y la agilidad de un gato.

Quiso la suerte y la vida que sus hijos fueran gaditanos, para mayor arraigo a esta tierra para el nacido en Sopelana. Y luchó junto a sus compañeros para sacar a este club de una división indigna e inmisericorde. Con encierros, sin cobrar, pero con un amor propio y un sentimiento más propio de un hincha. Y cuatro años después, en 2003, vivió el ascenso de Las Palmas…

Pero el Cádiz no se conformó con ser un equipo comparsa en Segunda. Y tras un brillante séptimo puesto en la 2003-2004, un Cádiz forjado por Alberto Benito y comandado por Víctor Espárrago, se propuso la gesta. Se propuso escribir una página de oro en los 95 años de historia del club por entonces.

El de Sopelana tocó con sus guantes el cielo en Chapín. Con su noche eterna a la vuelta de Jerez.

Hoy día  con los 37 puntos que consiguió el Cádiz en la categoría de oro, hubiese permanecido sin problemas. Pero entonces, era una Liga más disputada y el fútbol fue injusto con el Cádiz. Amén de la escasa inversión de por el entonces presidente, Antonio Muñoz, en la primera plantilla.

Hubo una parte de la afición injusta con Armando, aunque éste, nunca tuvo una mala palabra hacia la afición cadista.

Y se fue casi sin hacer ruido. Con una oferta de su Athletic, con 39 años a cumplir su sueño para ser titular en el club Vasco. Muchos, incluso la mayoría que no supieron valorarlo, lloraron su marcha.

Pero nunca se fue del todo. Nos dejó el récord de imbatibilidad de un portero en Carranza, con 61 partidos sin que el equipo contrario profanara la meta de nuestro templo. Sigue su nombre grabado en la mente de todos los que nos sabemos de carrerilla el once de Chapin. Y fue el último portero de la historia del Cádiz en Primera División.

Y ahí sigue en su tierra. Feliz y educando a los jóvenes en su pasión. Envejeciendo como los buenos vinos. Cuentan por aquí que un día del año 1.999, Hércules soltó a uno de los leones del escudo  lo nombró Armando Ribeiro y le encargó defender la portería del Cádiz.. Dicen los vecinos de La Laguna, que aún resuenan sus rugidos…

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