SAN SERVANDO, EL CAPITÁN DE LAS GRANDES OCASIONES

Cuenta la leyenda que un legionario de la “Isla de León” quedó prendado de la belleza singular de un pequeño equipo marinero, señero y con identidad. Un equipo que definía y representaba sus mismos valores; humildad, sacrificio y entrega. Esos valores que le hicieron manifestarse confeso del amor incondicional a un escudo y a unos colores. Aceptó ser bautizado en la sal del cadismo y juró custodia eterna hasta el fin de sus días.

Así es como Servando fue erigido como capitán, bandera y representante de la garra y la pasión de este equipo. Santo y seña de la lucha perenne. Guardia pretoriana del último esfuerzo, del último aliento y del grito de ánimo ensordecedor.

Ayer, una vez más, su fe, marcó el camino. En un choque que se antojaba complicado, donde no se presagiaban grandes sensaciones. Su gol, sirvió para encontrar el ímpetu necesario para hacer creer a todos sus compañeros y a una afición entregada, que la victoria no estaba tan lejos. Que era posible.

Ayer  el capitán del alma inquebrantable, volvió a contagiar su espíritu indómito de lucha innegociable. Advirtiendo que para vencer en Carranza, el sudor y la sangre derramada que hay que verter, no están al alcance de todos.

Ayer estuvimos custodiados por San Servando, ayer estuvimos custodiados por nuestro Capitán.

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