SIEMPRE CREERÉ EN TI, CÁDIZ

 

No es un ‘slogan’. Es una filosofía de vida. Es ADN fenicio, cartaginés, romano, árabe, italiano, irlandés, francés,… Es el ADN de múltiples nacionalidades. Es la ilusión de la humanidad. La esperanza, sufrir, disfrutar, llorar, explotar,… Vivir.

Es la renovación perpetua de una fe, que comenzó en 1910. Y cada temporada que termina, esperamos con el cuchillo entre los dientes. Esperamos los fichajes, nuestro Trofeo de los Trofeos,  y a continuación, el comienzo de una nueva Liga.

Es el comienzo de todo. El eterno retorno. El cadismo es un hábito. Una familia emparentada, con miembros en lugares lejanos. Es la celebración en una fuente con una muralla de piedra ostionera. Muralla para resistir un asedio de invasores que nunca llegaron. Aquí seguimos. Aquí marchamos. Con la fuerza que nos da una tradición con raíces muy lejanas. Que brotaron para nunca morir. Es un Salvadoreño, haciendo magia…

Y quién sabe lo que nos deparará el futuro. Quizás, un fracaso que nos haga llorar. Quizás, el éxtasis que nos llevaría a lo más alto. Pase lo que pase, la temporada que viene, se renovará todo. Los corazones seguirán bombeando amarillo. Los niños llevarán camisetas amarillas. Los padres y madres les dirán a sus hijos e hijas que no hay nada más grande. No sabrán explicarlo, pero sí transmitirlo. Y se renovará hasta el fin de los días.

Para lo bueno y para lo malo, no todo el mundo tiene el privilegio de ser del Cádiz.

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