sábado , 26 septiembre 2020

UNA MAÑANA DIFERENTE

Por Jorge González.

Mañana no es un día como otro cualquiera. Sobre todo para los cadistas. Te levantas temprano, más de lo común. Desayunas y te vas pertrechando. Con la ilusión de ver un barrio de pintores pintado de un río humano amarillo. Un ir y venir de almas. Con bares llenos, mezcla de cafés, churros, tostadas y cervezas… Rara hora en la que cada uno toma lo que más le apetece.

El aire es más frío de lo común y el sol deslumbra a los recién levantados. La ciudad y el barrio están vivos desde muy temprano. Tertulias de bares se confunden entre tazas humeantes, tostadas con mantequilla y algún tubo de una rubia para los más tempraneros. Camareros con demasiado trajín. Negocios atestados y un aire de esperanza. El Bar Rías Baixas con su terraza y sus clientes ataviados. El Gallego con una concentración y una parroquia con el brillo en los ojos. El Bar Gol con su barra con una cola hasta la puerta. Los bares de Loreto con los vecinos y sus acalarodas discusiones. Vida pura.

Cuando entras, el sol inunda Carranza y el partido se vive de otra forma. Con la vitalidad y la fuerza que te da el comienzo del día.

Tiene ese algo especial. Al terminar se puede palpar la ilusión en los almuerzos con miles de camisetas amarillas. O caras de decepción mientras comes con desgana.

Mañana se para Cádiz y no por domingo. Mañana juega el Cádiz a las doce. Por ti, nos levantamos. Por ti, seguimos.

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